domingo, 15 de enero de 2012

MÚSICA Y REALIDAD SOCIAL


Money, get away. 
get a good job with good pay and you're okay. 
money, it's a gas. 
grab that cash with both hands and make a stash. 
new car, caviar, four star daydream, 
think i'll buy me a football team. 
Money, get back. 
i'm all right jack keep your hands off of my stack. 
money, it's a hit. 
don't give me that do goody good bullshit. 
i'm in the high-fidelity first class traveling set 
and i think i need a lear jet. 
Money, it's a crime. 
share it fairly but don't take a slice of my pie. 
money, so they say 
is the root of all evil today. 
but if you ask for a raise it's no surprise that they're 
giving none away. 
"huhuh! i was in the right!" 
"yes, absolutely in the right!" 
"i certainly was in the right!" 
"you was definitely in the right. that geezer was cruising for a bruising!" 
"yeah!" 
"why does anyone do anything?" 
"i don't know, i was really drunk at the time!" 
"i was just telling him, he couldn't get into number 2. he was asking 
why he wasn't coming up on freely, after i was yelling and screaming 
and telling him why he wasn't coming up on freely. it came as a heavy 
blow, but we sorted the matter out"
Dinero, aléjate
Consigue un ejemplo con más paga y tu “O.K.”
El dinero es un gas
Agarra ese dinero con ambas manos y haz una fortuna
Coche nuevo, caviar, ensueño de cuarto estrellas
Creo que me voy a comprar un equipo de fútbol

Dinero, vuelve
Estoy bien, Jack, quita tus manos de mi mentón
El dinero es un acierto
No me des esa mierda disfrazada de caridad
Estoy, en el equipo móvil  de alta fidelidad de primera clase
Y creo que necesito un jet Lear

El dinero es un crimen
Compartidlo justamente pero no tomen ni una rebanada de mi pastel
El dinero, según dicen
Es la raíz, de todo el mal de hoy
Pero si pides un aumento no es ninguna sorpresa que no te lo concedan

En mi opinión, la canción “Money”, incluida en el álbum “The Dark Side of The Moon”, publicado el 24 Marzo del 1973 por la celebérrima rock band británica “Pink Floyd”, es el soporte sonoro más adecuado a nuestros tiempos, teniendo en cuenta sobre todo la “divinización” (inducida y provocada por la lógica y el sistema capitalista) del dinero. A pesar de la “antigüedad” de esta canción (recordemos que el álbum fue publicado en el lejano 1973), en este single los Pink Floyd consiguieron con éxito resumir, en la módica duración de 6 minutos, los rasgos principales del sistema capitalista, más especificadamente la extrema importancia que se otorga al dinero. El grupo británico intentó ir en contra de la aplastante lógica capitalista (recordemos que cuando la canción fue publicada el Muro de Berlín seguía en pie y, por lo tanto, el modelo económico comunista seguía siendo una mas que valida alternativa al sistema productivo capitalista), afirmando, sin pelos en la lengua y con toda la irreverencia y la sinceridad que se le corresponde a un grupo de este calibre, que “el dinero es un crimen, la raíz de todo el mal de hoy”. Estas (aparentemente) sencillas palabras pueden ser trasladadas perfectamente al 2012, periodo en el cual más de una persona la pensará igual que el grupo británico. Por esta y otras razones, no es de extrañar que, a distancia de casi 40 años, el CD publicado por los Pink Floyd siga siendo uno de los mas escuchados en el mundo, no solo por la melodía cautivadora y el ritmo intenso y, al mismo tiempo, relajante, sino sobre todo por la “verdad” contenida en las letras de sus gloriosas e históricas canciones.  

RESUMEN LIBRO SWEEZY

Alumnos: DANILO SERANI
               CLOTHILDE MABILLE
               JUAN POL TORTELLA
               OLIVIA RODRÍGUEZ
               ALBA SANCHEZ

V. LA ACUMULACIÓN Y EL EJÉRCITO DE RESERVA.
1. LA REPRODUCCIÓN SIMPLE.
-          Año tras año, el sistema capitalista implica seguir un procedimiento de cambios, sin embargo, pensar que alguna vez haya habido o pudiera haber un sistema capitalista real que permaneciese inmutable tras año. En cambio, se verá como algunos de los más esenciales del capitalismo han sido deliberadamente ignorados. Quesnay, intentó una presentación sistémica de las relaciones existentes en la producción capitalista, que Marx calificó como “indiscutiblemente la idea más brillante de que la economía  política había sido culpable hasta entonces” esto lo llamaría la “reproducción simple”, esta se refiere a un sistema capitalista que conserva indefinidamente las mismas dimensiones y las mismas proporciones entre sus diversas partes. Para ello es necesario que los capitalistas repongan cada año el capital gastado o usado y empleen toda su plusvalía en el consumo, y que los obreros gasten todo su salario en el consumo. Si no tendría lugar una acumulación o bien un agotamiento de la existencia de medios de producción.

-          Si suponemos que toda la industria está dividida en dos grandes ramas: I. se producen medios de producción y en la II. Se producen artículos de consumo. Si hacemos, que el capital constante empleado, respectivamente en I y II, y de forma similar hagamos lo mismo con el capital variable, la plusvalía y el producto. Para que se cumplan las condiciones de la reproducción simple, el capital constante usado debe ser igual a la producción total de la rama de bienes de producción, y el consumo combinado  de capitalistas y obreros debe ser igual a la producción total de la rama de artículos de consumo. Esto quiere decir que el valor del capital constante usado en la rama de artículos de consumo debe ser igual al valor de las mercancías consumidas por los obreros y capitalistas dedicados a producir medios de producir medios de producción.

-          La producción se divide en dos amplias categorías: producción total de medios de producción y producción total de artículos de consumo, que constituyen la suma de la oferta social de mercancías. El ingreso se divide en: el ingreso del capitalista el que se consume y el que se queda libre (plusvalía) y el ingreso del trabajador (salario). Por tanto, el plan de reproducción pone los cimientos para un análisis de discrepancias entre la suma de la oferta y la suma de la demanda, que, por supuesto, se manifiestan en trastornos generales del proceso productivo.

-          Este razonamiento nos lleva a l equilibrio de la Reproducción simple por un método que tiene la ventaja de poner al desnudo la lógica inherente al plan de reproducción, donde este es en esencia un expediente para mostrar la estructura de las ofertas y demandas en la economía capitalista, en términos de las clases de mercancías producidas y de las funciones de quienes perciben los ingresos.
2. LAS RAÍCES DE LA ACUMULACIÓN.
-          “Los valores de uso no deben nunca considerarse como el fin real del capitalista”, hemos construido ahora un sistema en el cual los capitalistas reciben el mismo ingreso año tras año y lo consumen siempre hasta lo último, así tendrías que ser considerados como el fin que perdigue el capitalista.
Es inevitable la conclusión de que la Reproducción Simple implica la abstracción de lo más esencial en el capitalista, su interés de amplias su capital. Realiza esto convirtiendo una parte de su plusvalía en capital adicional, que le permitirá apropiarse aún más plusvalía, que a su vez convierte en capital adicional. Este es el proceso de acumulación de capital, donde constituye la fuerza motriz del desarrollo capitalista. Aunque eso sólo es una de las ruedas del capitalismo, la forma de circulación D-M-D’, en la que el capitalista ocupa la posición clave, es objetivamente, un proceso de expansión del valor. El camino del éxito y de la elevación social pasa a través de la acumulación, y quien se rehúsa a participar en la competencia, está en peligro de perderlo todo.

-          Según la teoría de la abstinencia, es penoso para el capitalista “abstenerse” de consumir a efecto de acumular, por tanto, el interés del capital debe considerarse como el necesario galardón de tal abstinencia. Es decir, acrecentar la riqueza propia, es un fin positivo y lleva consigo, tanto como el consumo, ciertos “placeres”. En pocas palabras, los capitalistas quieren a la vez acumular y consumir; cuando hacen lo uno ello puede considerarse como abstinencia de lo otro; pero el ver la cuestión de esta manera no explica nada. Si pasamos a la teoría de la “espera”, la idea aquí es que los capitalistas quieren consumir todo lo que poseen,  y no lo hacen porque esperan poder consumirlo con interés en el futuro. En tanto que la teoría de la abstinencia simplemente deja de lado la urgencia del capitalista de acumular riqueza, la teoría de la espera la niega del todo.
3. LA ACUMULACIÓN Y EL VALOR DE LA FUERZA DE TRABAJO: PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.
-          La reproducción ampliada en contraste con la reproducción simple, muestra la interrelación de las ofertas y las demandas cuando la acumulación es tomada en cuenta, es decir, cuando los capitalistas ya no consumen totalmente la plusvalía, sino que esta se divide en tres partes: consumo de capitalistas, otra agregada al capital constante y otra se suma al capital variable. Por ahora nos interesa investigar los efectos de la cantidad acrecentada en el capital variable, es decir, la demanda acrecentada de fuerza de trabajo, que va implícita en el proceso de acumulación.
-          Partimos pues del hecho indudable de que la acumulación implica un aumento en la demanda de fuerza de trabajo. Ahora bien, cuando aumenta la demanda de una mercancía cualquiera, su precio sube y esto lleva consigo una desviación del precio respecto al valor. Hay que pensar, que la fuerza de trabajo no es una mercancía ordinaria, ya que, no hay capitalista que pueda dedicarse a producir fuerza de trabajo y esto conlleva que el mecanismo equilibrador de la oferta y la demanda está ausente en el caso de la fuerza de trabajo.
-          La acumulación eleva la demanda de fuerza de trabajo y no es ya lícito suponer la igualdad entre los salarios y el valor de la fuerza de trabajo. Para advertir el porqué de esto sólo es necesario sólo es necesario recordar que la plusvalía, que es esencial para la existencia del capitalismo, depende de la diferencia que existe entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor de la mercancía que el trabajador que el produce. El precio natural del trabajo, dice Ricardo, es el precio necesario para los trabajadores, uno con otro, pueda subsistir y perpetuar su raza, sin aumento ni disminución.

4. LA SOLUCIÓN DE MARX: EL EJÉRCITO DE RESERVA DEL TRABAJO.
-          Bien enterado de la tendencia de los salarios a subir bajo el impacto de la acumulación de capital, aunque nunca sin alcanzar el punto en que amenazase al sistema mismo. Esto se detiene con lo que Marx cita como “ejército de reserva del trabajo”, que consiste en obreros desocupados que, mediante su competencia activa en el mercado de trabajo, ejercen una presión constante, hacia abajo, en el nivel de salario. El ejército de reserva se recluta principalmente entre aquellos  que han sido desplazados por la maquinaria, que será la respuesta más o, menos directa de los capitalistas a la tendencia ascendente de los salarios. De aquí, se sigue mientras más fuerte sea la tendencia de los salarios a subir, más fuerte será también la presión del ejército de reserva para contrarrestarlos y viceversa. Y si la población crece, se produce una ampliación del ejército de reserva, con una proporción más o menos constante  de la fuerza trabajadora total.
-           Este ejército se vaciará  con la apertura de un nuevo mercado o de una nueva industria y desaparece el obstáculo de que frena el alza de salarios, pero tan pronto esta disminución toca el punto en el que el trabajo excedente que nutre el capital no es suministrado ya en el volumen normal, se produce una reacción: se capitaliza una parte menor del ingreso, la acumulación se retrasa y el movimiento de alza de los salarios se detiene. Junto a la eliminación del trabajo por la maquinaria, las crisis y las depresiones toman su lugar como mecanismo capitalista específico para reconstruir el ejército de reserva cada vez que éste se ha reducido a proporciones peligrosamente pequeñas. Marx “el capitalismo sin crisis sería inconcebible”.
5. LA NATURALEZA DEL PROCESO CAPITALISTA.
-          La acumulación estimula indirectamente el desarrollo de la población, el aumento del número de habitantes obliga a recurrir a tierras inferiores. Las cosas necesarias para la vida sólo pueden producirse, por consiguiente, a un costo sin cesar creciente en términos de horas-hombre. El progreso económico debe ser finalmente detenido por dos leyes naturales preponderantes e inmutables: la ley de la población y la ley de los rendimientos decrecientes. John Stuart Mill habla de la “imposibilidad de evitar en último término el estado estacionario, ya que es inevitable que la actividad humana desemboque en un mar al parecer estancado”.
Marx al introducir en su estructura económica el principio del ejército de reserva en vez de la ley de la población, puso la base para un nuevo y asombrosamente poderoso ataque a los problemas de la evolución económica. Donde en el manifiesto comunista -  dijo “la burguesía no puede existir sin revolucionar constantemente los instrumentos de producción y, con ellas, todas las relaciones de la sociedad”.
-          Puesto que la noción marxista subraya principalmente los cambios que ocurren en los métodos de producción, implica el cambio cualitativo en la organización social y en las relaciones sociales, a la vez que el cambio cuantitativo en las variables económicas como tales. Así se abre el camino para considerar el “resultado final” como una reconstrucción revolucionaria de la sociedad, más bien que como un mero estado de reposo.
Capítulo II: El problema del valor cualitativo.

-Introducción.

El primer capítulo de El Capital se titula “Las mercancías”. Mercancías es todo lo que se produce para el cambio más bien que para el uso del productor; el estudio de las mercancías es el estudio de la relación económica del cambio. Marx empieza por analizar la “producción simple de mercancías” (cada productor posee sus propios medios de producción y satisface sus múltiples necesidades por el cambio con otros productores en situación similar).
Comenzando por la producción simple de mercancías, Marx pbserva una bien sentada tradición de teoría económica. Así, Adam Smith concibe la división del trabajo subordinada a cambio, estableciendo éste como causa y origen de la primera. “Propensión a traficar, trocar y cambiar” vinculada a la naturaleza humana. De este modo se liga inseparablemente el cambio a la división del trabajo y se les muestra como las columnas unidas que sostienen la sociedad civilizada. Las implicaciones de esta posición son claras: producción de mercancías, enraizada en la naturaleza humana, como forma universal e inevitable de la vida económica. Los problemas de la economía política tienen un carácter exclusivamente cuantitativo.

Marx no niega la relación existente entre producción de mercancías y división del trabajo sin embargo, no se trata de una relación tan rígida.
Si bien la división del trabajo es una condición necesaria para la producción de mercancías, de ahí no se sigue que, la producción de mercancías sea condición necesaria de la división del trabajo.
Niega que la división del trabajo esté necesariamente ligada al cambio. La producción de mercancías no es la forma universal e inevitable de vida económica sino una forma históricamente condicionada que no puede presentarse como directa manifestación de la naturaleza humana.
Según esto, el economista no puede confinar su atención a las relaciones cuantitativas que nacen de la producción de mercancías; debe dirigir también su atención al carácter de las relaciones sociales subyacentes en forma de mercancía. (Tareas cualitativas de la economía política).

-Valor de uso.

Toda mercancía tiene un doble aspecto; el de valor de uso y el de valor de cambio. El valor de uso expresa cierta relación entre el consumidor y el objeto consumido (actualmente, "utilidad"). Marx excluía el valor de uso de la esfera de la economía política, pues ésta debe centrarse en las relaciones entre personas, y dicho valor de uso no da cuerpo, directamente, a una relación social. Esto no significa que el valor de uso no deba jugar ningún papel en la economía política, aunque no como una categoría económica en sí misma, es un prerrequisito del consumo.

-Valor de cambio.

En una sociedad en que el cambio es un método regular de realizar el propósito de la producción social, es sólo en calidad de mercancías como los productos tienen valor de cambio.
El valor de cambio aparece como una relación cuantitativa entre cosas, entre las mercancías mismas.
La relación cuantitativa entre cosas (valor de cambio) es, en realidad, sólo una forma exterior de la relación social entre los propietarios de mercancías o, en el caso de la producción simple, entre los productores mismos. Los productores individuales, trabajando aisladamente cada uno, trabajan en realidad los unos para los otros. Su trabajo tiene un carácter social que le es impreso por el acto de cambio.
Estrictamente, el concepto valor de cambio se aplica "sólo cuando las mercancías están presentes en plural", expresa una relación entre mercancías. Una mercancía individual posee la calidad social que se manifiesta cuantitativamente en el valor de cambio, pero es necesaria la relación entre las mismas.

Una mercancía es, para Marx, un valor de uso u objeto de utilidad, y un valor. Así, como valor de uso, una mercancía es un rasgo universal de la existencia humana, presente en cada una y en todas las formas de sociedad. Como valor, la mercancía es un rasgo de una forma histórica específica de sociedad que se distingue por dos características principales, división de trabajo desarrollada y producción privada.

-Trabajo y valor.

El requisito de que todas las categorías económicas deben representar relaciones sociales condujo a Marx directamente al trabajo considerado como “el valor que yace oculto detrás del valor de cambio”.
El trabajo también tiene dos aspectos, uno correspondiente al valor de uso y otro al valor de la mercancía que produce. A la mercancía como valor de uso corresponde el trabajo como trabajo útil.

La actividad productiva, si dejamos de lado su forma especial, no es más que el gasto de fuerza humana de trabajo, gasto productivo de cerebro, nervios y músculos humanos. El valor de una mercancía representa trabajo humano abstracto, el gasto de trabajo humano en general.

Así, lo que el valor de uso es al valor en el caso de la mercancía, el trabajo útil es al trabajo abstracto en el caso de la actividad productiva:

“Por una parte todo trabajo es un gasto de fuerza humana de trabajo, y en su carácter de trabajo humano abstracto, idéntico, crea y forma los valores de las mercancías. Por otra parte, todo trabajo es el gasto de fuerza humana de trabajo en una forma especial y con un fin preciso, y en éste, su carácter de trabajo útil concreto, produce valores de uso”.

-Trabajo abstracto.

La expresión trabajo abstracto es, en pocas palabras, equivalente de “trabajo en general”; es lo común a toda actividad humana productiva. Lleva a cabo la reducción de todo trabajo a un común denominador.

La sociedad capitalista se caracteriza por un grado de movilidad del trabajo mucho mayor que el que prevalecía en cualquier forma anterior de la sociedad “los individuos pasan fácilmente de una clase de trabajo a otra, debido a lo cual no es importante para ellos qué clase particular de trabajo pueda tocarles desempeñar” El trabajo se convierteen un medio de crear riqueza en general dejando de desarrollarse junto con el individuo en un destino particular.

Resumiendo, se puede decir que la reducción de todo trabajo a trabajo abstracto permite ver claramente, detrás de las formas especiales que el trabajo puede adoptar en un momento determinado, una suma de fuerzas de trabajo social que es susceptible de transferencia de un uso a otro de acuerdo con la necesidad social, y de cuya magnitud y desarrollo depende en última instancia la capacidad productora de riqueza de la sociedad.

-La relación de lo cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor.

La mercancía en cuestión tiene de común con todas las demás (todas ellos son valores) el hecho de absorber una parte del total de la fuerza de trabajo disponible en la sociedad (todas ellas son trabajo abstracto materializado). Es esta característica de la "mercancía" el punto de partida y la categoría central de la economía política de los tiempos modernos.
SWEEZY, TEORIA DEL DESARROLLO CAPITALISTA.

CAPITULO 3: EL PROBLEMA DEL VALOR CUANTITATIVO

1)      explicación de la teoría del valor de Marx

-          el primer paso

Sweezy insiste sobre el hecho de que el estudio del valor no es sólo un comienzo de la ciencia económica y no el objetivo.
Por “valor” se entiende el valor de cambio de los productos, que es algo que cambia según las épocas, es decir la organización de la producción. La teoría del valor cuantitativo busca la naturaleza de las leyes ligados al valor en términos cuantitativos. 

La cuestión del valor de las mercancías: ¿Cómo medirlas?
Basándonos en la teoría de Marx, el valor representa el tiempo de trabajo, pero no cualquier tiempo (ya que un trabajador puede ser más o menos rápido). Nos interesamos al “tiempo normal” o sea según Marx “el tiempo de trabajo socialmente necesario”.
Entonces según Marx, las mercancías se intercambian en función de ese tiempo de trabajo.
            Pero hay un problema de calificación del trabajo, los trabajos no valen todos lo mismo. Existen trabajos más calificados pero ese mayor valor puede provenir de una mayor habilidad natural del trabajador o/e de su entrenamiento.
Marx piensa que el trabajo calificado puede ser reducido a trabajo simple lo que resuelve este problema. Con el trabajo simple disminuye las diferencias entre las calificaciones de trabajos.  

-          el papel de la competencia

Smith también demostró que el valor de una mercancía es fijada por el tiempo de trabajo, lo que permita establecer un equilibrio porque si no se fija el precio sobre la cantidad de trabajo necesario, todos van a producir lo mismo o sea lo más fácil, lo más rápido.
De esa manera, cuando el precio de las mercancías corresponde al tiempo de trabajo necesario a su producción, la oferta y la demande están al equilibrio, pero sólo cuando las fuerzas competidoras de oferta y demande puedan trabajar libremente.
            Pero la teoría de fijación de los precios por la oferta y la demanda puede parecer contradecir esa teoría. Si estudiamos Marx, podemos ver que no. Según él, la relación entre la oferta y la demanda explica sólo las desviaciones de los precios del mercado con respeto a los valores de mercado.
Si la oferta y la demanda sean equilibradas, no actúan en los precios del marcado y corresponden así al valor real (= el tiempo de trabajo socialmente necesario).

-          el papel de la demanda

Marx fue criticado por no tener en cuenta el papel de la demanda, y entonces el rol de los consumidores en la fijación del equilibrio en el mercado. Pero en realidad Marx trata de la demanda (“nada puede tener valor sin ser un objeto de utilidad”), él reconoce que el equilibrio es basado sobre el coste del trabajo y la demanda. Pero Marx no lo pone en primer plano la demanda porque piensa que la estructura de la clase de la sociedad determina esa demanda. La “demanda social” regula el principio de demanda, entonces esa demanda cambia según la clase social del consumidor. Así que es el ingreso que determina la demanda o sea el valor debe estudiarse según el punto de vista de la producción. Marx defiende que las necesidades que determinan la demanda son reflejos del desarrollo técnico y organizacional de la sociedad: es la “existencia social” que determina la “conciencia”.    
Los economistas ortodoxos (como Schumpeter) reconozcan casi todos esa primacía de la producción y distribución del ingreso en la demanda o sea en todo el funcionamiento del mercado.

1)      definiciones de conceptos ligados con esa teoría del valor. 

-          La ley de valor:

La ley de valor define las fuerzas que actúan en una sociedad productora de mercancías (proporciones del cambio de mercancías, cantidad producida de cada una, asignación de la fuerza de trabajo a las diferentes ramas de producción). La ley explica como se asigna el esfuerzo productivo, cuanto de produce etc. La teoría de equilibrio general sirve para demostrar que en una sociedad productora de mercancías existe un orden. 

-          El principio de planeación:

El principio de planeación se sustituye a la ley de valor cuando la asignación de la actividad productora es sometida a un control conciente. O sea en una sociedad socialista, este principio tiene la misma posición que la ley de valor en una sociedad capitalista.

-          El precio de producción:

El precio según Marx en la expresión monetaria del valor.
El precio de producción representa las modificaciones de los valores.
Ciertos piensan que la teoría de los precios de producción se opone a la teoría del valor pero Sweezy piensa que al contrario se basa en ella.

-          El precio de monopolio:

Los precios de monopolios corresponden a los precios determinados por los productores y no por el precio de producción y precio del producto en general. Es una determinación arbitraria porque no hay un régimen de competencia pero situación de monopolio.
Así que la demanda tiene una significación especial. Las relaciones de valor cuantitativo son perturbadas por el monopolio pero no las de valor cualitativo. No altera las relaciones sociales básicas de producción ni que representa una porción del tiempo de fuerza de trabajo total de la sociedad.  
RESUMEN CAPÍTULO IV LIBRO SWEEZY
La relación entre producción de mercancías y capitalismo no es tan fácil y clara como parece: el capitalismo implica la producción de mercancías, pero ésta no implica necesariamente el capitalismo. Bajo este sistema productivo la propiedad de los medios de producción corresponde a un conjunto de individuos, mientras que el trabajo manual lo realizan otros. En la producción de mercancías, las relaciones entre propietarios tienen el carácter de relaciones de cambio, mientras que en el capitalismo a éstas hay que añadir las relaciones entre propietarios y no propietarios. Además, en el sistema capitalista la fuerza trabajo es considerada como una mercancía más, añadida a la provisión de factores productivos. Otra diferencia importante entre los dos sistemas económicos y productivos es que, en la producción simple de mercancías, los individuos empiezan con mercancías, las convierten en dinero y, finalmente, adquieren nuevas mercancías (M-D-M); en el sistema capitalista, en cambio, se empieza por el dinero, se adquieren nuevas mercancías y, por último, se venden estas mercancías para producir e ingresar una mayor cantidad de dinero (D-M-D’). Este incremento de dinero es lo que Marx llama plusvalía y que constituye el objetivo, la finalidad ultimo de todo capitalista. Esta plusvalía tiene origen en la nueva mercancía a disposición de los capitalistas: la fuerza de trabajo. Sin embargo, esta mercancía se procede de una “mercantilización” de los seres humanos, quienes venden su capacidad productiva a cambio de dinero; de aquí la dificultad en establecer un precio de mercado a esta mercancía tan peculiar. Según Marx, el valor de la fuerza de trabajo debe determinarse por el tiempo de trabajo necesario para la producción de una unidad; más especificadamente, para Marx el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento digno del trabajador. De esto se deduce, por lo tanto, que el valor de la fuerza de trabajo se reduce al valor de una cantidad más o menos precisas de mercancías ordinarias y corrientes.
            Según el análisis económico de Marx, la plusvalía no puede surgir del mero proceso de circulación de mercancías; asimismo, los materiales que entran en el proceso productivo tampoco pueden ser la fuente de la plusvalía. Por lo consiguiente, ésta deberá proceder de la fuerza trabajo, la nueva “mercancía” teorizada por Marx. Esto es así porque las unidades producidas por el obrero durante su jornada laboral no sólo cubren los costes salariales, sino que también exorbita esta producción, haciendo que todas las unidades adicionales sean producidas fuera del coste. En otras palabras, la jornada de trabajo puede dividirse en dos partes: el trabajo necesario y el trabajo excedente. Esta última parte es la que proporciona la plusvalía al capitalista, dado que en esta fase el trabajador está trabajando más de lo que le correspondería por convenio. Por lo tanto, lo específico del capitalismo es la forma que asume la explotación de una parte de la población por otra, a saber la producción de plusvalía.
Todo esto implica un análisis más profundo del valor de las mercancías. De hecho, podemos distinguir tres partes: el capital constante(c), el capital variable (v) y la plusvalía (p). La primera parte representa el valor de la maquinaria y los materiales usados; la segunda se refiere al valor de la fuerza de trabajo, mientras que la tercera sería el excedente de producción, que se queda en las manos del capitalista. La suma de los tres valores daría como resultado el valor total de la mercancía.
De esta ecuación (la columna vertebral del planteamiento económico marxista) se deriva el concepto de la tasa de plusvalía (la proporción de la plusvalía respecto al capital variable), que sería la forma capitalista de lo que Marx llama la tasa de explotación, o sea la proporción de trabajo excedente con respecto al trabajo necesario. Numéricamente, la tasa de explotación es idéntica a la tasa de plusvalía y pueden ser utilizados como sinónimos; sin embargo, cabe recordar que el primer es el concepto más general aplicable a todas las sociedades de explotación, mientras que el segundo solo se aplica al capitalismo. La magnitud de esta tasa es determinada por tres factores: la duración del día de trabajo, la cantidad de mercancías que entran en el salario real y la productividad del trabajo.
            El segundo concepto derivado de la ecuación marxiana es la medida de la relación del capital constante con el capital variable en el capital total usado en la producción. Marx llama a esta relación la composición orgánica del capital, que sería una medida de la amplitud en que el trabajo es provisto de materiales, instrumentos y maquinaria en el proceso productivo.
            Sin embargo, hay un concepto que es crucial para el capitalista y su sistema productivo: la tasa de ganancia. Ésta se define como la proporción de la plusvalía con respecto al desembolso total de capital. Su ecuación matemática sería p/ (c+v). Los factores que determinan esta tasa son los mismos que influyen sobre la tasa de plusvalía y la composición orgánica del capital. Asimismo, como en el caso de la plusvalía, también en el de la tasa de la ganancia se supone la igualdad general entre las industrias y las empresas, aunque si la experiencia real parece confutar y rechazar esta hipótesis. En efecto, esta igualdad se basa en tendencias reales existentes en la producción capitalista, que nacen de la fuerza de la competencia. Sin embargo, en la realidad podemos observar como las empresas tienden a formar oligopolios o incluso monopolios, lo que impide afirmar que la ley del valor de Marx sea correcta en todos los ámbitos. Ahora bien, según los críticos de Marx, el hecho de que la ley del valor no sea válida en el orden económico capitalista depende, según Marx, de un factor o serie de factores que oculta la esencia del capitalismo. Suponiendo que la composición orgánica del capital fuese la misma en todas las esferas de la producción, la ley del valor controlaría directamente el cambio de mercancías sin detener la explotación de los obreros por los capitalistas y sin reemplazar su deseo de ganancia.
RESUMEN CAPÍTULO VI LIBRO SWEEZY
La acumulación de capital va acompañada por una mecanización progresiva del proceso de producción: la misma cantidad de trabajo, operando con un mejor equipo, puede ser más eficiente y productiva. Esto quiere decir que la productividad del trabajo crece de continuo y que la composición orgánica del capital exhibe también un curso ascendente sostenido. De estos cursos Marx derivó su famosa ley de la tendencia descendente de la tasa de ganancia, dado que hay una relación inversamente proporcional entre la composición orgánica y la tasa de ganancia. Por lo tanto, este carácter descendente de la ganancia tendría que cerrar al fin los cauces de la iniciativa capitalista, llegando hasta el punto en que esta tasa asumirá valores negativos y, por lo tanto, el capitalista perderá dinero en lugar de ganarlo. Todo esto se puede resumir en la fórmula matemática g= p’ (1-0), en la cual se supone la p’ como constante.
Ahora bien, Marx enumera cinco causas contrarrestantes, que frenan y anulan la ley general de la tasa descendente de la ganancia, dejándole tan solo el carácter de una tendencia. Éstas son:
1.      Abaratamiento de los elementos del capital constante. El uso creciente de maquinaria, elevando la productividad del trabajo, disminuye el valor por unidad del capital constante.
2.      Aumento de la intensidad de explotación. La prolongación de la jornada laboral eleva directamente la tasa de plusvalía, aumentando la cantidad de trabajo excedente sin afectar la de trabajo necesario.
3.      Depresión de los salarios más debajo de su valor. Un salario más bajo reduce los costes y aumenta las ganancias.
4.      Sobrepoblación relativa. La existencia de trabajadores desocupados conduce a la instalación del capital relativamente baja y, por lo tanto, una tasa de ganancia relativamente alta.
5.      Comercio exterior. El comercio exterior abarata los elementos del capital constante, reduciendo los costes de producción.
Sin embargo, esta ley tiene algunos fallos. Como hemos visto, Marx identifica la composición orgánica del capital con la tasa de plusvalía. Una composición orgánica ascendente del capital va de la mano con la creciente productividad del trabajo. Teniendo la tasa de plusvalía constante, esto implica que una mayor productividad produce salarios mayores, de manera que ésta beneficia tanto al obrero como al capitalista; de esto se deriva que el trabajo pasado, en forma de capital constante, mantiene una relación de competencia con el trabajo viviente y frena las demandas de este último. Por lo tanto sería más adecuado reconocer que la productividad ascendente tiende a llevar consigo una tasa más alta de plusvalía, que deja de ser constante y fija.
            Si adoptamos este enfoque y suponemos que tanto la composición orgánica del capital como la tasa de plusvalía son variables, entonces debemos deducir que la tasa de ganancia bajará si el porcentaje de aumento en la tasa de plusvalía es menor que el porcentaje de disminución en la proporción del capital variable respecto al capital total. Si estos argumentos son sólidos, se sigue que no hay ninguna suposición general de que los cambios en la composición orgánica del capital serán relativamente tan superiores a los cambios en la tasa de la plusvalía que los primeros dominaran los movimientos en la tasa de ganancia: la formulación de la ley de la tendencia descendente de la tasa de ganancia ya no es muy convincente. A pesar de todo, una cosa parece totalmente segura: el aumento en la composición orgánica del capital tenderá a restablecer la tasa de la plusvalía y, en esa forma, a acrecentar el volumen de la plusvalía más allá de lo que éste hubiera sido en ausencia del aumento de la composición orgánica del capital.
            Por último, es necesario hacer referencia a otras fuerzas o factores que tenderán a deprimir o a elevar la tasa de la ganancia. Entre las fuerzas tendientes a deprimir esta tasa podemos mencionar los sindicatos (luchan por el aumento del salario de los trabajadores o por la mejora de sus condiciones de vida, reduciendo así la plusvalía de los capitalistas) y la acción del Estado en beneficio y protección de los trabajadores (el marco institucional existente, como la limitación legal de la jornada de trabajo, el seguro contra el desempleo y la legislación destinada a salvaguardar el derecho de contratación colectiva representan un obstáculo a la actividad de los empresarios). Por lo contrario, las organizaciones patronales (los “antagonistas” de los sindicatos), la exportación del capital (que puede representar una válvula de escape muy válida en el caso de estrechez del mercado interno), la formación de monopolios y la acción del Estado en beneficio del capital (como por ejemplo las tarifas protectoras, que, así como los monopolios, pueden elevar la tasa de ganancia general) pueden contribuir a elevar la tasa de ganancia de los capitalistas. 
Tª del Desarrollo Capitalista. Sweezy.
VIII La naturaleza de la crisis económica
En este capítulo, Sweezy comienza abordando el tema de la crisis económica desde la perspectiva marxista y el carácter periódico de las crisis comerciales expuesto en El Manifiesto, obra de la primera época de Marx quien de hecho mantendrá hasta concepción de periodicidad en el resto de su obra. Será de hecho un tema recurrente el de la crisis en  los volúmenes de El Capital.
Marx expone que la crisis es el resultado de la producción capitalista en contacto con los agentes de la competitividad y el crédito. A partir de estos elementos, Sweezy expone que el análisis de la crisis precisa una explicación con elementos más tangibles que los empleados por Marx, independientemente de que estos aparezcan de hecho en ciertos análisis y añade la observación de que precisamente el estudio de la crisis fue algo que el autor dejó inconcluso.
De hecho, lo que se publicó posteriormente fue una serie de estudios que amplían el análisis de Marx, especialmente centrados en los factores ya mencionados y su relación directa con la crisis:
-          Producción simple de mercancías: En lo que respecta a las mercancías y a la aparición del dinero como medio de cambio sustitutivo del trueque, queda de lado la limitación y permite la obtención del producto que se precisa, es decir, se satisface la necesidad. Esto además, permitirá la especialización en la producción así como por otro lado, acarrea la posibilidad de que el ciclo y circulación del dinero en el proceso de compra-venta sea interrumpido en alguna fase lo cual supondrá un desequilibrio que afecte al resto de la cadena. El motivo de esto es la sobreproducción (que es el primer resultado que aparece en una crisis) y la aparición de excedentes en caso de que no se produzca la compra-venta de la producción. Es por ello, que hallar el motivo por el cual un vendedor no puede acceder al proceso de compra es llegar a la raíz causal de la crisis. Se expone, por ejemplo, en el texto causas circunstanciales tales como guerras o desastres naturales que provoquen la suspensión de la circulación de capitales, pero esto se reduce a una crisis muy limitada en una sociedad de mercancías muy básica. Así mismo, circunstancialmente se menciona el atesoramiento de capital, es decir, el no gasto con el fin de la acumulación y por tanto, la limitación de la circulación, pero a duras penas puede este ser motivo de una crisis con una alta repercusión.
-          La ley de Say: En el transcurso de la historia, los economistas aplicaron teorías concebidas para la producción mercantil a la producción capitalista. Un ejemplo de esto, es la denominada “Ley de los mercados de Say” (J.Baptiste Say, discípulo de Adam Smith) en la cual se establece un principio que dicta que tras una venta, se produce una compra de igual cuantía, ergo, no cabe el factor crisis ni de sobreproducción pues bajo este esquema, el proceso de circulación no se detiene. La aplicación posterior de este teorema, supuso posteriormente que la teoría de la crisis y el estudio de la misma fuese cerrado e ignorado en base a este dogma implantado de “imposibilidad”.
Será Marx quien posteriormente lleve a cabo una crítica e incluso una ridiculización de esta ley en su versión ricardiana, exponiendo que no necesariamente se lleva  a cabo una compra tras una venta aludiendo a la existencia separada (en tiempo y espacio) de las transacciones  complementarias de compra y de venta.
-          Capitalismo y Crisis: Bajo el supuesto de la fórmula M-D-M el objetivo del proceso de transacción es obtener un valor aumentado de la segunda M por lo que es un esquema aplicable al sistema de intercambio mercantil y por tanto y por su forma per se, limita prácticamente la existencia de una crisis.
Pero con el capitalismo, D, el dinero se transforma en capital, la fórmula torna en D-M-D, el dinero, o sea el capital, es lanzado a circular a cambio de fuerza de trabajo y medios de producción que llevan a cabo el proceso de producción creando mercancías que reportan en última instancia dinero/capital de nuevo. Es decir, en esta fórmula, D es un valor de cambio y no de uso. Por ello, el capitalista siempre pone D en circulación, modificando el modelo de producción del ejemplo mercantil donde se podía producir un colapso por la retirada del dinero de la circulación, mientras que aquí, la susceptibilidad de crisis es mayor ya que la constante puesta en circulación de capital lleva consecuentemente a la sobreproducción.
Así mismo, en tanto en cuanto el obrero comparte el modelo M-D-M, se encuentra lejos de la concepción del capitalista de recaudar riqueza en abstracto constantemente, porque no le reporta satisfacción. Por ello, Marx expone que la teoría económica ortodoxa se ha caído en el erro de concepción de que todo hombre busca el lucro.

En cuanto a la relación de la fórmula D-M-D con la crisis, se analiza, en primer lugar, el hecho inamovible de que el capitalista siempre buscará la mayor tasa de beneficio como objetivo inmediato. Dicho esto, la crisis y los factores de su aparición, no varían del sistema mercantil al capitalista. Surge con motivo de la interrupción de la circulación del capital o de la retención del poder de compra dando como resultado la aparición de excedentes (sobreproducción). L a diferencia que surge sin embargo con el sistema capitalista es el hecho de que, ante condiciones adversas o de desconfianza en cuanto a la viabilidad del mercado, el capitalista podrá plantearse o directamente no lanzar D a la circulación afectando directamente a la producción de materiales.
Por un lado, ante la desaparición de la incentiva de ganancia, el capitalista dejará de invertir por lo que desaparece el capital y esto dará motivo a la sobreproducción surgiendo así la crisis. Sin embargo, se expone en el texto que este supuesto de facto no se dará en la práctica pues sería un caso extremo que vendría previamente derivado de una situación de depresión profunda que no permitiese las ganancias y consecuentemente, no puede ser explicación del origen de las crisis.
El segundo supuesto que se analiza es la reducción en la tasa de ganancias. En este caso, la aparición de una crisis sí sería viable en función a la reducción elevada en las transacciones. Marx explica cómo claramente, sin que la tasa de ganancia torne negativa sino simplemente disminuya, los capitalistas reducirán sus actividades. El capitalista, siempre tenderá a volver a poner el capital en circulación, independientemente de que circunstancialmente lo guarde en forma de dinero pero la reinversión puede cambiar de línea de producción salvo en el caso de que el nivel de ganancia se reduzca en todas las líneas de producción, supuesto bajo el cual, la movilización de capitales de unas a otras, es inútil. Se puede producir entonces la inversión desfavorable pero hasta que esto no se produce, el paro en la inversión de capitales habrá supuesto la aparición de la crisis y la sobreproducción.
De todo ello, se deduce pues que la crisis no aparece necesariamente del valor negativo de la tasa de ganancia o de la desaparición de la misma sino una reducción por debajo del valor ordinario que llevará a la retención de capitales a la espera del retorno de las condiciones favorables a la inversión.
Marx además, previene del hecho de suponer que ante esta situación, el capitalista invertirá en valores de uso. Ello es erróneo pues no es concebible la falta de tendencia del capitalista a la acumulación de capital.

De los teóricos del ciclo económico que toman referencialmente expondrán pues que ante un supuesto de tipo de interés demasiado bajo que reduzca la tasa de ganancia en la transacción, los capitalistas tienden a conservar el capital en forma de dinero pero la creencia general es que ello es una situación de duración limitada pues sería un supuesto anormal en tanto en cuanto la demanda no puede estar perpetuamente reducida a dicho punto y por tanto, la situación dará la vuelta propiciando un aumento de demanda y consecuentemente de los tipos de interés. En el caso de que los tipos de interés finalmente no aumenten y se vean obligados a resignarse y a prestar capital a los empresarios en términos más aceptables.
Se muestra aquí la diferenciación entre capitalista y empresario. Los primeros reducen su préstamo de capital a los segundos ante tipos de interés inferiores y los segundos, reducen su inversión ante una tasa de ganancia inferior a la normal. Ergo, la clase capitalista reduce su actividad ante el supuesto del no-beneficio y por tanto, está en directa conexión con la crisis y las causas de la misma en tanto en cuanto se corresponde con las fluctuaciones de  la tasa de ganancia.

-          Tipos de crisis: a parte de la tasa descendiente de la ganancia como elemento desequilibrador, aparece otro supuesto que motive el origen de una crisis. Éste es,  que los capitalistas empresarios no puedan vender las mercancías en sus valores de equilibrio por lo que aparecería entonces una crisis motivada por el descenso de lucratividad lo cual está recogido en la Teoría del valor. Esto se produciría ante una gran producción de un producto que afectaría a su valor de forma descendiente. Si esto ocurre en general a todos los productos, se da entonces un descenso general de la tasa del valor provocando la desaparición de la ganancia y en consecuencia la crisis. Es la denominada “crisis de realización”.

Por tanto se diferencia la crisis entre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y la crisis de realización aunque desde el punto de vista capitalista esta diferenciación no cobra importancia pues de igual manera le afecta en su lucratividad que se ve reducida.
En cualquier caso, el origen de la crisis es el descenso de la tasa de ganancia.







 








 

MEMORIA DE APRENDIZAJES

El 9 de Enero (la primera clase tras el parón de las vacaciones de Navidad) nos hemos reunido en grupos de discusión y reflexión para analizar conjuntamente todos los nuevos conocimientos que hemos aprendido y asimilado hasta ahora. Personalmente, creo que ha sido un encuentro muy prospero y útil, porque me ocurre muy a menudo de preguntarme en cuales ámbitos del conocimiento me encuentro más reforzado y mejor ubicado, pero nunca llegué a confrontarme y a debatir sobre eso con otras personas del mismo entorno. Por lo tanto, estoy más que feliz y satisfecho por haber tenido la ocasión y la oportunidad de afrontar este tema (importante en la vida de cada persona, y en particular, de cada alumno) con otras personas muy cercanas a mi entorno. Si no nos planteáramos nunca esta cuestión, perderíamos una parte muy importante de nuestro aprendizaje y nuestro bagaje cultural, dado que si no somos capaces de entender y exponer a los demás lo que hemos aprendido hasta ahora es muy difícil que consigamos mejorar nuestra preparación, y esto sería un lastre extremadamente importante en la óptica de un futuro empleo (que es una de los objetivos principales que queremos lograr una vez hayamos terminado nuestra carrera y nuestra preparación teórica). En mi grupo, me sorprendió muchísimo el hecho que prácticamente todos los componentes compartiéramos las mismas preocupaciones, pero además nos diéramos cuenta de que estábamos aprendiendo casi las mismas cosas (aunque le diéramos un valor y una connotación distinta), lo que implica que estamos siguiendo todos el mismo recorrido. Entre las cosas que hemos enunciado, me siento destacar las siguientes: el conocimiento (o la mejora) del castellano (en mi grupo había bastantes extranjeros, incluido yo); la importancia de trabajar en equipo a la hora de elaborar, preparar y exponer un trabajo de investigación; el valor de las nuevas tecnologías en calidad de entes difusores del conocimiento y, por ultimo, la relevancia del respeto reciproco como base de una relacion social buena y productiva. En efecto, todos hemos coincidido en que estos son algunos de los aspectos más importantes que caracterizan y definen el éxito en el futuro, y el hecho de que todos hemos alcanzado estos conocimientos constituye, sin lugar a dudas, un importante paso adelante respecto nuestra inicial condición de partida.
Por lo tanto, quiero subrayar, una vez más, la enorme aportación a mi bagaje cultural que me ha dado este debate, así como dar las gracias al profesor Carballo por habernos ofrecido esta importante oportunidad para debatir en grupo lo que individualmente nos hemos siempre planteado y preguntado.

Primera sesión de presentaciones

El último día de clase hemos tenido la primera sesión de exposiciones, en las cuales cada grupo presentará al resto de la clase y al profesor el resultado final de un trabajo de investigación, que tiene como objeto un aspecto especifico del sistema económico mundial. Dos grupos han “roto el hielo”, hablándonos de los rasgos y características básicas del Estado del Bienestar y de las contradicciones internas del sistema capitalista. En la primera exposición, se destacó que Vicent Navarro planteó la viabilidad del Estado del Bienestar en España. Este modelo de gestión económica, política y social  ha sido un invento del segundo posguerra mundial (los 30 gloriosos años). Sin embargo, llegó la crisis del petróleo del ’70 que cuestionó la viabilidad del Estado del Bienestar. En este contexto, hay  que hablar de dos fracturas: la globalización y el cambio del tejido social. ¿Qué podemos entender por Estado del Bienestar? Cada autor ha dado su propia definición de este concepto. Sean lo que sean sus rasgos, lo importante es que se trata de una conquista relativamente reciente (mediados de los ’40, comienzos de los ’50). A lo largo de la historia de Occidente, los poderes públicos han empezado a aumentar sus  servicios, hasta llegar a su consagración jurídica y política definitiva, que es exactamente el Estado del Bienestar tal como lo conocemos hoy día. Ahora bien, mis compañeros destacaron también que hay que distinguir y desglosar este este concepto en 4 modelos: el nórdico, el continental (conservador), el anglo sajón (liberal) y el mediterráneo. El mediterráneo (en el cual, desgraciadamente, hay que incluir, España, junto a Italia, Grecia y Portugal) es el peor modelo, mientras que el nórdico es mejor. El problema de los países mediterráneos es que invierten muchísimo en viejez y pensiones y muy poco en educación, todo lo contrario de los países nórdicos. En el segundo grupo, mis compañeros han analizado las principales contradicciones e incoherencia del actual sistema capitalista, destacando en particular tres fenómenos básicos: los lobbies (o grupos de presión e interés), los paraísos fiscales y la externalización de los costes. Los tres elementos desvirtúan y provocan la corrupción y el mal funcionamiento de la lógica y del sistema capitalista, ya inconcluyente e ineficaz por sí. Lo que el grupo destacó (lamentablemente) es la total y completa carencia de regulación internacional que aborde estos asuntos a partir de un silencio generalizado que conduce a un  desconocimiento real sobre lo que sucede en el interior de la llamada “caja negra”  de los sistemas políticos y económicos de las que se consideran democracias occidentales avanzadas.
            Ambas exposiciones han sido extremadamente interesantes y enriquecedoras, sobre todo para mí que desconocía una parte de los asuntos tratados por mis compañeros. Quiero, además, felicitarme y cumplimentarme con ellos por haber puesto el listón a un nivel bastante elevado, lo que hace que todos los que presenten los siguientes trabajos tendrán que esforzarse para llegar al mismo nivel. Esto provocará, sin lugar a dudas, el crecimiento académico y personal de cada uno de los participantes a esta asignatura.  

jueves, 1 de diciembre de 2011

Comentario Texto "Ciencia y Método" - Roberto Carballo Cortina

Según el profesor Carballo Cortina, plantearse el significado y los objetivos perseguidos por la ciencia es una construcción personal que intenta explicitar la experiencia y las investigaciones de cada científico o estudioso. En efecto, como dijo en su época el genial Albert Einstein, “la ciencia como fin que debe ser perseguido es algo tan subjetivo como cualquier otro aspecto del esfuerzo humano de modo que cada individuo que viva en una época distinta dará una respuesta diversa acerca de los fines y los objetivos perseguidos por los investigadores. Por lo tanto, aunque si intenta llegar a conclusiones objetivas, demostrables y confutables empíricamente por cualquiera y en cualquier sitio, cada uno abordará el asunto desde su punto de vista personal, dedicándose a buscar las respuestas en los temas que les interesan más. De todo esto se deduce que la ciencia es una actividad humana, social e intrínseca al ser humano, que responde al afán de cada uno de nosotros en encontrar respuestas y soluciones, pero teniendo siempre en cuenta de nuestras limitaciones físicas, naturales o conceptuales. A pesar de esta faceta personal e individual, desgraciadamente hoy día los hombres intentan imponer su propia visión como objetivamente verdadera y aceptable, despreciando y rechazando todas las culturas que intenten oponerse al pensamiento único dominante. Este es, sin lugar a dudas, el camino más erróneo, porque nos llevará a unas consecuencias muy malas y nefastas. 
            Por otro lado, la idea de ciencia está directamente relacionada con la idea de progreso, es decir el objetivo último de cada análisis, investigación o descubrimiento será siempre ir hacia adelante y nunca hacia atrás. Dicho esto, es difícil establecer, entre ciencia y progreso, cual es la variable dependiente y cual la variable independiente. Entre otros, Popper, Longo o el mismo Marx intentaron establecer, una vez por todas, las relaciones existentes entre estos dos campos. Este último, en efecto, al ser un materialismo filosófico coherente, constituye la primera visión (o concepción) del mundo basada total y exclusivamente en la ciencia. La diversidad de opiniones, posturas y planteamientos representa, sin lugar a dudas, la prueba más fiable y creíble del hecho que no existe “la Ciencia”, sino distintos enfoques, puntos de vista y planteamientos, que se relacionas directamente con la opinión de uno de los mejores hombres de saber que ha tenido el ser humano.
            Todo esto nos sirve para avanzar un paso más en el tema y analizar la relación entre ciencia y concepción del mundo, destacando que la disección y separación entre concepción del mundo como un no-saber y ciencia como conocimiento es más un esfuerzo analítico y teórico que un problema real y corriente. Por lo tanto, debemos afirmar que el objetivo último de la ciencia y de los científicos también constituye una visión del mundo, ya que se nutre de los sistemas de ideas en vigor en cada época para construirse. Todo esto nos deja de manifiesto la extrema importancia de las ideologías, de los juicios de valor anteriores a la investigación científica. Cada uno de nosotros no “hace ciencia” por casualidad o porque empujado por el afán de conocer y explicar todos los aspectos de la naturaleza, sino que cada uno se dedicará en investigar y explicar una determinada faceta para “llevar el agua a su molino” y demostrar que sus ideas son válidas. En esta óptica, el marxismo puede ser analizado como uno de los intentos más claros de identificar Ciencia con ideología, visión del mundo con realidad, subjetividad con objetividad. Por lo tanto, debemos tener muy claro en nuestra cabeza la importancia de la relatividad de la ciencia, así como la centralidad del tema del método. Este el instrumento más valido a la hora de apreciar el éxito o el fracaso de una investigación científica, siendo el reflejo tanto del individuo que lo aplicará y llevará a cabo como de su visión de partida y de sus juicios de valores, que le empujarán a analizar un fenómeno en lugar de otro. Dadas estas características, no es de extrañar que tampoco esta vital herramienta en mano de los científicos esté libre de la influencia de la ideología. Por lo tanto, ésta (considerada como el conjunto de valores, creencias e ideales poseídos por los individuos a través del cual analiza y explican la realidad) está presente en todas y cada una de las etapas del método científico, a saber descripción, clasificación, explicación y verificación. Cada una de esta etapa metodológica se puede abarcar utilizando tres modos de inferencia: deductivo, inductivo o reductivo. Cada investigador puede utilizar indistintamente cada una de las técnicas, dependiendo de su aptitud personal o del objeto de investigación, o incluso puede combinar las tres para obtener un análisis más detallado y profundizado.
            En la primera etapa, el investigador se “limita” en observar (con ojo y espíritu crítico) y describir el objeto de investigación, limitando así su futuro estudio a los rasgos y características más notables e importantes. Una vez observado y descrito su objeto de análisis, en la siguiente fase se deberá proceder a clasificarlo, es decir se deberán encontrar las similitudes y diferencias con otros objetos del entorno con en el fin de situarlo analíticamente en el contexto adecuado. Una vez entendido donde está el investigador y su objeto, se pasa a la formulación de hipótesis de investigación, que sería una proposición (o un conjunto de proposiciones) con las cuales se intentará explicar el cómo y, sobre todo, él porque del fenómeno investigado. Una vez elaborada esta hipótesis, es de fundamental importancia verificarla y validarla empíricamente, para ver si el presupuesto de partida es correcto o bien si hay algún fallo. En el caso de que esto ocurra, hay que volver atrás en la investigación y, a través del método de “ensayo y error”, probar y reprobar hasta que no se encuentre una explicación lógica y satisfactoria del fenómeno.
            Todos estos procesos, que al fin y al cabo no serían nadan más que un procedimiento de tesis, antítesis y síntesis, demuestran que el método de investigación debe distinguirse formalmente del método de exposición. Según nos dice Marx, en efecto, “la investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas formas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Y si sabe hacerlo y consigue reflejar idealmente en la exposición la vida de la materia, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar en una construcción a priori”. Por lo tanto, la investigación abarca todo el proceso del conocimiento científico, mientras que la exposición representa una etapa distinta, que se llevará a cabo solo cuando terminamos con la investigación. La exposición consistirá en el proceso dialectico que, partiendo de una formulación teórica del problema y de sus coordenadas teórico – prácticas, permita la realización de un análisis empírico de la realidad objetiva que nos conduzca a la formulación de una hipótesis. 

RECENSIÓN SEGUNDO LIBRO

El segundo libro que os quiero aconsejar está directamente relacionado con el anterior. Se trata de la obra del economista británico Ian Gough quien, con algunos años de antelación respecto al trabajo del español Ramón Cotarelo, se dedicó a escribir, estudiar y analizar los rasgos característicos del Estado del Bienestar. En efecto, su obra se llama “Economía Política del Estado del Bienestar”. En este libro, se centró sobre todo en la interrelación entre sistema de producción capitalista y Estado del bienestar, definido “como la utilización del poder del Estado para modificar la reproducción de la fuerza de trabajo y controlar la población no activa en las sociedades capitalistas”. Como se puede deducir de esta afirmación, el autor británico adopta una óptica profundamente impregnada de marxismo; en efecto, el intento de su libro es enmarcar los principios, funciones y características del Estado del bienestar dentro de la economía capitalista y sus relaciones sociales. Por esto, no es de extrañar que en su obra se hable muy a menudo de conceptos como “explotación de los medios de producción”, “economía capitalista”, “clase trabajadora”, “división del trabajo”, etc. etc. Según su planteamiento, los medios más importantes disponibles por el Estado son “la concesión directa de beneficios y servicios, la utilización paralela del sistema de impuestos y la regulación estatal sobre las actividades privadas de individuos y sociedades”. En virtud de esto, el moderno Estado del bienestar, interviniendo activamente en la economía y en los mercados, consigue reproducir la fuerza de trabajo, “controlando de esta manera el nivel, la distribución y el modelo de consumo en la sociedad capitalista actual”.
Uno de sus grandes logros ha sido la afirmación que el Estado del Bienestar cuesta. En particular, él detectó que “los costes de los servicios sociales en Gran Bretaña  como parte del PNB se ha elevado desde alrededor del 4% antes de la Primera Guerra Mundial al 29% en 1975”  Entre los servicios sociales más destacables, Gough señaló la seguridad social, la educación, la sanidad y la vivienda. Según su planteamiento, los factores que contribuyeron en mayor medida a este importante crecimiento del gasto social fueron los costes relativos crecientes, los cambios demográficos, la mejora de los servicios y el crecimiento de las necesidades sociales.
A pesar de la solidez de sus afirmaciones, la obra del británico tiene algunos fallos importantes. En primer lugar, él relaciona íntima y directamente el Estado del bienestar con el sistema de producción, distribución y acumulación típico de la economía capitalista de mercado. Es más, según su planteamiento este modelo de gestión política surgió y se desarrolló para, literalmente, estar “al servicio” del capitalismo. En efecto, tal como he podido entender de su obra, el aumento del gasto social del Estado, dirigido tanto a los empleados (salario, remuneración), como a los parados (subsidios de desempleo, incentivos para encontrar una nueva ocupación), a los jubilados (pensiones) y al conjunto de la sociedad (política activa de sanidad, educación y vivienda públicas) responde a una serie de objetivos precisos y bien definidos. En primer lugar, la actuación de los poderes públicos es necesaria para que haya una circulación continua y constante de moneda corriente en los mercados; además, esto incentiva a la llamada “fuerza de trabajo”  para que sea más productiva, dado que una vez que dejen de trabajar podrán “recoger” los frutos de su ardua actividad; en tercer lugar, las ayudas a los sectores más débiles sirve para que los que no disponen de un salario fijo puedan consumir los bienes presentes en el mercado; en cuarto lugar, este modelo legitima y fundamenta al sistema productivo capitalista. En conclusión, el welfare state es total y completamente funcional al capitalismo; su existencia depende de este sistema económico, así como sus fallos y sus ineficiencias. Más especificadamente, el autor llega a afirmar que “los fallos del Estado del bienestar son el reflejo de los fallos del sistema capitalista mundial”.
 Su análisis es, por lo tanto, demasiado “ideologizado”: todo su marco analítico se basa solo y exclusivamente en la lógica marxista. Este es, probablemente, la crítica más importante que me siento de mover al economista británico, dado que, a partir de este enfoque, considera el Estado del Bienestar solo y exclusivamente un fenómeno económico. De aquí el uso frecuente de términos procedentes de la economía política. Esto le impide profundizar el análisis, dejando a lado las componentes políticas y sociales, que en mi opinión son mucho más útiles para analizar el Estado del Bienestar. Además, la conexión entre capitalismo y Estado del bienestar no es tan directa y automática como Gough quiere enseñarnos. En efecto, no solo el welfare state no está “al servicio” de la economía capitalista, sino que incluso se opone a ella: según el planteamiento de los intervencionistas, el Estado tiene que actuar en el mercado para equilibrar y corregir los fallos del mercado, es decir el sector público debe encargarse de llevar a cabo una segunda distribución de la renta y del capital, más equitativa y socialmente justa. Todos estos fallos, repito, son el resultado de un único error: lo de analizar un fenómeno tan complejo y multifacético como el Estado del Bienestar reduciendo todas las variables posibles únicamente a la lógica economicista del enfoque marxista, que se basa en los factores de producción, en la fuerza de trabajo y en su explotación por parte de los dirigentes capitalistas. Reducir el enfoque solo a esta mirada no permite, en mi opinión, formular objetivamente un análisis completo y exhaustivo. Además, creo que Gough falló también en el punto de vista metodológico, llevando a cabo su análisis exclusivamente en su país de procedencia y en una franja temporal muy limitada. Esto empobrece el debate y el análisis, porque, como sabemos, la política fiscal y monetaria del Reino Unido es profunda y totalmente distinta de los países continentales, nórdicos y mediterráneos, dejando a lado las importantísimas diferencias presentes “al otro lado del charco”.
Por todo esto, he querido escribir primero sobre la obra de Ramón Cotarelo. Éste es el modelo de análisis que quien quiera investigar sobre un tema económico, político o social debería seguir para llevar a cabo una investigación coherente y satisfactoria. Ahora bien, es importante destacar que, a pesar de los fallos del británico, su obra es un must para los que cursen una carrera de ciencias políticas y de la administración, sobre todo porque hoy día todos debemos saber en qué modelo de Estado nos encontramos y, sobre todo, plantearnos si esto seguirá siendo así o bien si hará evolucionando (en positivo o en negativo).